Lo que sucedió cuando todo se fue a la M by Inma Bretones

Lo que sucedió cuando todo se fue a la M by Inma Bretones

autor:Inma Bretones [Bretones, Inma]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Humor, Romántico
editor: ePubLibre
publicado: 2022-03-21T00:00:00+00:00


* * *

Cuando Matías se marchó, cerré la puerta tras de mí y apoyé la espalda en ella con cara de lela. Mónica se me quedó mirando muy seria:

—Tía, límpiate las babas…

—Buah, ¿se me ha notado mucho?

—Abajo si se te ha notado. Pero si ni has parpadeado cuando te ha dicho que se instalaba mañana, solo te ha faltado tumbarte en la cama y gritarle que te poseyera… —Rio Mónica, a lo que yo no pude evitar contestarle con una enorme carcajada.

Capítulo 16

El telefonillo sonó a las cuatro en punto. La hora en que Matías me dijo que llegaría. Abrí el portal y también la puerta de casa y bajé para echarle una mano con las cosas.

—No, tranquila, son pocas cajas, aunque muy pesadas —me dijo sonriendo con su sonrisa-absolutamente-perfecta-de-higienista-bucodental.

Yo no hacía nada más que mirarle y sonreírle. Tener a un chico tan guapo en casa, viviendo bajo mi mismo techo me ponía nerviosa y, sin duda, cara de tonta.

—Los chicos solemos tener menos trastos que las chicas. —Me volvió a sonreír mientras acababa de subir las bolsas con sus enseres por las escaleras.

—Buf, yo llené dos coches enteros de trastos… —le conté recordando los dos viajes que hice con el Golf a rebosar desde Fontplana.

Matías colocó todo lo que había traído dentro del que de entonces en adelante sería su armario. Se notaba que era un chico resolutivo y muy organizado.

Para evitar que se sintiera observado, decidí irme al comedor a mirar las ofertas de trabajo del día. La verdad es que estaba cansada de enviar mi currículum a todos los puestos que se adecuaban a mi perfil, para no obtener ninguna respuesta. Por suerte, al día siguiente era uno de septiembre, el mes en que el mundo resucitaba, por lo que aquello me daba esperanzas de que quizá tuviese alguna posibilidad de encontrar trabajo, al menos una.

Estuve un buen rato en el sofá mirando el teléfono y sorprendida de no escuchar ruidos en la habitación de Matías. Fui al baño y miré hacia su habitación disimuladamente. Estaba leyendo tumbado encima de la cama y sin camiseta. «Madre-mía-de-mi-vida-y-del-amor-hermoso», pensé a la vez que entraba al baño. Cuando cerré la puerta tras de mí, me apoyé en el lavamanos y escribí a Mónica:

«Moni, Matías ya está instalado. Ahora mismo está tumbado encima de la cama sin camiseta».

«Tía, joder, ¿ya te lo has metido en la cama?», me contestó mi amiga al instante.

«¡Qué bruta eres! Está en su habitación y leyendo… ¿Se puede ser más perfecto?».

«Bueno, no cantes victoria hasta que sepas si le huelen los pies».

Yo no pude evitar reírme al leer el último mensaje de Mónica. Me tapé la boca en un intento de que Matías no me escuchase, pero la verdad es que con el graznido que había hecho instantes antes, si me había escuchado ya no tenía nada que hacer para evitarlo.



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